http://losmolinos.archimadrid.es/_comentario_archivos/image001.jpg

COMENTARIO AL EVANGELIO DOMINICAL

27 mayo 2018; Santísima Trinidad (ciclo B)

Evangelio (Mt 28,16-20)

Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Resultado de imagen de Santísima Trinidad icono

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

–«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.

Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Comentario

─La convivencia con Jesús después de su resurrección les da a los discípulos una imagen más profunda de la identidad del Maestro. Por eso, a pesar de la vacilación de algunos ante un misterio desbordante, comprenden que han de postrarse ante Jesús, al que ahora ya pueden aplicarle el término “Señor” en su sentido más profundo. ¿Tengo verdadera fe en la identidad divina de Cristo, o le considero sólo como un elevado maestro de moral, o como un líder espiritual más?

─Las palabras del Señor, corroboran la convicción de su divinidad: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra». Jesús reivindica su señorío absoluto sobre todo lo creado. Su pretensión hubiera sido escandalosa sin la experiencia del poder de su resurrección. En el ejercicio de su soberana majestad, se dirige a sus apóstoles para darles su último mandato en esta tierra: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos». Su envío no se restringe a una zona geográfica, o a un pueblo o raza, sino que tiene como destino la humanidad entera. Los discípulos sólo alcanzarán a comprender las implicaciones de este mandato desconcertante mucho después, cuando el Espíritu les vaya ampliando los horizontes y les abra el corazón de los gentiles. ¿Me siento enviado por el poder del Resucitado a hacer discípulos para él?

─Ese envío a bautizar ha de hacerse no sólo con el poder y para gloria de Jesús, sino como testimonio de la existencia, del poder y de la bondad «del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Lo que les había ido revelando progresivamente en sus enseñanzas, Jesús lo sintetiza como el resumen de toda su obra: la necesidad de dar a conocer su redención como obra de las tres Divinas Personas. ¿Tengo yo conocimiento y relación con las tres divinas personas como mi familia que es, o ese misterio me resulta irrelevante en la práctica?

─El misterio de la Trinidad sólo se esboza. A la luz de esta revelación, los apóstoles han de hacer memoria y han de ir entresacando de lo vivido con Jesús el sentido profundo del Plan de Salvación. Un plan que nace de la voluntad salvífica del Padre, que se realiza mediante el Testimonio del Hijo y que ha de culminar en la recepción del Espíritu Santo. ¿Cómo los apóstoles, tengo yo también experiencia de la Trinidad en mi vida, o es sólo una ideología?

─Esa misteriosa e íntima colaboración entre las tres Divinas Personas es la que le permite a Jesús añadir las consoladoras palabras que serán la luz y la alegría de la Iglesia de todos los tiempos: «yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». En el Espíritu, la presencia de Jesucristo es una realidad que nos acompaña en medio de las tempestades de este mundo. ¿Vivo con esa seguridad, o me angustia la realidad y el futuro?

——————————————————————

20 mayo 2018: Pentecostés (ciclo B)

Evangelio (Jn 20,19-23)

Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo; recibid el Espíritu Santo

Resultado de imagen de pentecostés

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

–«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

–«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

–«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Comentario

─La situación inicial de los discípulos de miedo y de encerramiento es el ambiente normal del hombre que se enfrenta sólo a las dificultades que se levantan ante él. Por eso, no se explica la vida posterior de los apóstoles si se omite el encuentro con el resucitado y la transformación que provoca la venida del Espíritu Santo. ¿Creo que puedo vivir de verdad mi vida cristiana sin ese encuentro y sin esa transformación?

─Frente a ese temor comprensible, El primer deseo del Señor resucitado para ellos es la paz. Pero en el resucitado todo deseo es un don. No les saluda con la esperanza de que ellos encuentren paz, sino que se la regala como un don eficaz. El saludo les otorga la verdadera paz interior, que les libera de las ataduras de la angustia y del miedo. El fruto psicológico y exterior que les provoca ese don es la alegría: “se llenaron de alegría al ver al Señor”. No es la simple alegría humana provocada por descubrir vivo a quien daban por muerto, sino la superabundancia de gozo que brota de un corazón consolado por Dios. ¿Mi corazón está en la paz que Dios otorga y, por tanto, vivo con la alegría de Dios; o me falta esa paz y, por tanto, tengo que mendigar otras alegrías?

─El Señor no se hace presente tan sólo para que se llenen de la paz de Dios y para que de su corazón brote la alegría de Dios, sino que viene para comunicarles una misión: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». El “como” define una situación radicalmente nueva: los apóstoles son incorporados a una misión previa a ellos, que les agrega a un trabajo propiamente divino. Una misión que parte del amor trinitario y que se realiza en la comunión más profunda entre las divinas personas. Un envío que transciende infinitamente sus cortos horizontes y sus pobres fuerzas. ¿Concibo mi misión así, o la traduzco en un encargo que puedo realizar con mi buena voluntad y mi empeño humano?

─Para llevar a cabo esta misión han de recibir la fuerza de lo alto para que, guiados por el Espíritu de Dios, puedan liberar a los hombres del poder del pecado: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». No es, pues, una misión que puedan realizar con sus propias capacidades o medios humanos, sino que, por estar entrañada en la dinámica salvadora de Dios, ha de fundamentarse en su poder y en su sabiduría. Un poder y una sabiduría que no son de este mundo, sino que son divinos: el Poder del Espíritu y la Sabiduría del Verbo. ¿Soy consciente de que mi misión como cristiano es insertarme en la misión trinitaria con la fuerza y la sabiduría de Dios? ¿Pretendo vivir mi vocación concreta como una realización humana, con mis capacidades y medios, o acepto la radical desproporción entre lo que soy y a lo que estoy llamado?

——————————————————————

 

 

 

OTROS HORARIOS Confesiones: Media hora antes de las misas. Exposición del Santísimo: Jueves de 10’00 (Exposición y laudes) a 19’00 (Vísperas y bendición). Rosario: A diario a las 19’00 Despacho parroquial: Martes y viernes, de 17’30 a 18’30. Despacho de Cáritas: Jueves de 18’00 a 19’00. Apertura del templo: Media hora antes de misa
HORARIO DE MISAS En la Parroquia Laborables (excepto miércoles):  19’30 · Miércoles: 9’00 Sábados y Vísperas: 19’30 Domingos: 9’30, 11’00 (niños),  12’30 Verano (1julio a 31 agosto) Laborables (excepto miércoles):  19’30 · Miércoles: 9’00 Sábados y Vísperas: 19’30 Domingos: 9’30 [Capilla del Carmen], 11’00, 12’30 y 20’00 Hermanitas de los Pobres Lunes a Sábado: 12’30 Domingos: 12’00 Misioneras del Sdo. Corazón de Jesús (Cabrini) Diario a las 9’30 Misioneras de Jesús, María y José (Guardería) Diario (excepto miércoles y festivos) a las 8’45 Horarios especiales y precepto   Dependencias parroquiales