El Adviento, tiempo de esperanza El año litúrgico comienza con el Adviento, término que viene del latín adventus, que significa «venida». Es un tiempo que empieza el domingo más próximo al 30 de noviembre y termina el 24 de diciembre, con la Navidad. Este tiempo litúrgico tiene dos partes: La primera, hasta el 16 de diciembre, se orienta a mirar y preparar la venida final del Señor al final de la historia. Y la segunda parte, desde el 17 al 24 de diciembre, se centra principalmente en la primera venida del Salvador con su nacimiento en Belén. El Adviento es el tiempo en el que la Iglesia se pone en actitud de espera de la venida del Señor. Una venida que es triple: El Hijo de Dios vino, revestido de nuestra carne débil, en la Encarnación y en su nacimiento en Belén, ahora viene en cada momento y acontecimiento por medio del Espíritu Santo, y vendrá glorioso en el último día para llevar su Reino a la plenitud. Estas tres venidas permiten al creyente vivir permanentemente atento al Señor; ésa es la esperanza, la actitud propia de este tiempo, pero no exclusiva del mismo. Esa esperanza, clave de la vida de fe, hacía vivir a los primeros cristianos en constante anhelo de la llegada del Señor, clamando noche y día: «Ven, Señor Jesús. Ven y no tardes». Este tiempo nos ayuda a afinar en nuestro interior las motivaciones por las que hacemos las cosas para que todo lo que somos y hacemos vaya encaminado a lo que tiene que ser el objetivo de nuestra vida: ser «santos e irreprochables en la presencia de Dios por el amor» (Ef 1,4). Esto supone una necesaria revitalización de la oración personal, que nos permita mantener el clima interior de intensa esperanza, así como una más activa participación en el sacramento de la Eucaristía, que celebramos hasta que el Señor venga y nos introduzca en el glorioso banquete de su Reino. Todo esto lo aprendemos instintivamente de aquella que inauguró y vivió el primer Adviento: la Virgen María. Ella es la gran maestra de la esperanza y la guía infalible que nos acompaña para que nuestros pasos se encaminen con seguridad al encuentro de Jesús que viene a salvarnos. La Corona de Adviento en familia La Corona de Adviento con sus cuatro velas es un símbolo tradicional de Alemania difundido por todo el mundo. Representaba el ruego para que el dios-sol regresara con su luz y calor durante el invierno. Los cristianos luteranos, al ver en Jesucristo el origen de la vida y luz espiritual, adoptaron este símbolo para expresar y vivir su fe en torno a la persona del Mesías. El significado es el siguiente: El círculo de follaje verde, recuerda la eternidad de Dios y nos hace pensar en los miles de años de espera del Mesías, desde Adán hasta su nacimiento y, en la actual espera de la segunda venido de Cristo. El color verde significa la esperanza de la vida. Las cuatro velas que se colocan alrededor, significan la luz que disipan las tinieblas del pecado, son tres de color morado, que hablan del deseo de conversión y una rosa que habla de la alegría vivida con María, por la inminente llegada de Jesús. También se puede colocar una vela blanca, de mayor tamaño, en el centro, que simboliza la Luz, que es Jesús, que con su nacimiento, viene a iluminar definitivamente la vida del hombre. Es una costumbre que reúne a la familia, pues es allí en donde se sugiere la celebración. La familia unida hace una oración en torno a la corona, con alguna meditación alusiva a las lecturas dominicales; se enciende una vela cada semana cantando algo que hable de la espera del Salvador. La noche del 24 de diciembre con las cuatro velas encendidas, se enciende por último la vela blanca cantando villancicos y se «acuesta al niño Jesús» en el nacimiento, como de costumbre, desde luego después de haber leído el Evangelio del relato del Nacimiento en Belén y de haber hecho una reflexión y oración todos juntos. Primera semana con la corona de Adviento Al comienzo del Adviento, el sábado por la tarde o el domingo, la corona debe estar sin ninguna vela encendida. Crear un ambiente recogido, con poca luz. Es recomendable colocar una imagen de la Virgen al lado de la corona, con un cirio a sus pies. De este cirio se puede tomar la llama para encender la primera vela de la corona. Todos: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Presidente: Comenzamos un nuevo año litúrgico con el tiempo de Adviento, tiempo de preparación y espera. Encender, semana tras semana, los cuatro cirios de esta corona debe ser un reflejo de nuestra gradual preparación para recibir al Señor Jesús en la Navidad. Las luces de las velas nos recuerdan que él es la Luz del mundo que ha venido a disipar las tinieblas. El color verde de la corona simboliza la vida y la esperanza que Él nos ha venido a traer. Lector: Lectura tomada del libro del profeta Isaías: Levántate, brilla, Jerusalén; que llega tu luz y la gloria del Señor amanece sobre ti. Pues mira como la oscuridad cubre la tierra, y espesa nube a los pueblos, mas sobre ti amanece el Señor y su gloria sobre ti aparece. Palabra de Dios. Todos: Te alabamos, Señor. Se puede hacer un momento de silencio meditativo o comentar el pasaje bíblico. Presidente:  Nos recogemos unos instantes en silencio, e inclinando nuestras cabezas, vamos a pedir que el Señor bendiga esta corona de Adviento. Oremos. Se hace un momento de silencio, luego el que dirige la oración prosigue: La tierra, Señor, se alegra en estos días, y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor Jesús, que se avecina como luz esplendorosa, para iluminar a los que yacemos en las tinieblas, de la ignorancia, del dolor y del pecado. Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque y la ha adornado con luces. Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que, mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona, con nuevas luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de Aquel que, por ser la Luz del mundo, iluminará todas las oscuridades. Te lo pedimos por Él mismo que vive y reina por los siglos de los siglos. Todos: Amén. Monitor: Vamos a encender ahora la primera vela de nuestra corona. Mientras una persona enciende la primera vela de la corona, todos pueden cantar un canto apropiado. Presidente: Pidamos ahora al Señor, Luz del mundo, que escuche nuestras oraciones y venga a iluminarnos y llevarnos a la salvación, diciendo: «Ven, Señor Jesús». Lector: Te pedimos, Padre, por nuestra Santa Iglesia Católica que se prepara para la venida de tu Hijo, para que siempre tengamos fijos los ojos en Aquél que nos trae la reconciliación. Todos: «Ven, Señor Jesús». Lector: Te rogamos por la paz en el mundo, para que en este tiempo de Adviento se viva con mayor intensidad el amor y la solidaridad. Todos: «Ven, Señor Jesús». Lector: Te pedimos, Padre, por cada uno de nosotros, para que hagamos esfuerzos por caminar al encuentro del Señor Jesús, que es la «Luz del Mundo». Todos: «Ven, Señor Jesús». Lector: Te rogamos también por nuestra familia, para que a ejemplo de la familia de Nazaret, vivamos el amor mutuo y nos preparemos para la venida de tu Hijo. Todos: «Ven, Señor Jesús». Lector: Te pedimos que Santa María aliente nuestros pasos en este Adviento, y sea ella quien nos enseñe a crecer en confianza y esperanza en la venida del Reconciliador. Todos: «Ven, Señor Jesús». Se pueden añadir otras peticiones. Presidente: Acoge, Padre, nuestra humilde oración y llénanos del gozo y la esperanza de la venida del Salvador. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Todos: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Segunda semana con la corona de Adviento Al comenzar la celebración, el sábado por la tarde o el domingo, debe estar encendida la primera vela. Crear un ambiente recogido, con poca luz. Es recomendable colocar una imagen de la Virgen al lado de la corona, con un cirio a sus pies. De este cirio se puede tomar la llama para encender la segunda vela de la corona. Todos: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Presidente: Vamos a encender la segunda vela de nuestra corona. El Señor está cada vez más cerca de nosotros y debemos prepararnos dignamente para recibirlo en nuestros corazones. Hagamos un momento de silencio para elevar nuestra oración al Señor. Lector: Lectura tomada del Evangelio según San Lucas: En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso será recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios. Palabra del Señor. Todos: Gloria a ti, Señor Jesús. Se puede hacer un momento de silencio meditativo o comentar el pasaje bíblico. Presidente:  Oremos. (Se hace un momento de silencio, luego el que dirige la oración prosigue) Presidente: Vamos a encender ahora la segunda vela de nuestra corona. Debemos preparar el camino del Señor y esto nos exige estar preparados interiormente para la venida del Señor Jesús, para que lo recibamos con un corazón reconciliado, cada vez más convertido y transformado, capaz de amar y entregarse a los demás. Hagamos un compromiso concreto para esta semana que nos ayude a disponernos cada vez mejor para su venida. Mientras una persona enciende la primera vela de la corona, todos pueden cantar un canto apropiado. Todos: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Tercera semana con la corona de Adviento El sábado por la tarde o el domingo, al inciar la celebración deben estar encendidas la primera y la segunda vela de la corona. Crear un ambiente recogido, con poca luz. Es recomendable colocar una imagen de la Virgen al lado de la corona, con un cirio a sus pies. De este cirio se puede tomar la llama para encender la tercera vela de la corona. Todos: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Presidente: Estamos ya en la tercera semana de Adviento: aumenta nuestra alegría y nuestro jubilo por la venida del Señor Jesús, que está cada vez más cerca de nosotros. Sería conveniente comenzar con un canto apropiado. Presidente: Vamos a encender la tercera vela de nuestra corona de Adviento. El Señor está más cerca de nosotros y nos ilumina cada vez más. Abramos nuestro corazón, que muchas veces está en tinieblas, a la luz admirable de su amor. Lector: Lectura tomada del Evangelio según San Lucas: La gente le preguntaba a Juan el Bautista: "Pues ¿qué debemos hacer?" Y él les respondía: "El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, haga lo mismo". Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: "Maestro, ¿qué debemos hacer?" Él les dijo: "No exijáis más de lo que os está fijado". Preguntáronle también unos soldados: "Y nosotros ¿qué debemos hacer?" Él les dijo: "No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada". Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió Juan a todos diciendo: "Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga". Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva. Palabra del Señor. Todos: Gloria a ti, Señor Jesús. Se puede hacer un momento de silencio meditativo o comentar el pasaje evangélico. Presidente: Vamos a encender la tercera vela de nuestra corona. Es el signo de nuestra alegría y de nuestro esperanza, avivada cada día más en la medida en que se acerca el Señor. Mientras una persona enciende la tercera vela de la corona, todos pueden cantar un canto apropiado. Presidente:  Acudamos ahora a Santa María, que colaborando con el Plan del Padre permitió que la luz del Señor ilumine a la humanidad, y pidámosle que siga intercediendo por nosotros en este tiempo de preparación. Se hace un momento de silencio. Virgen del Adviento, esperanza nuestra, de Jesús la aurora, del cielo la puerta. Madre de los hombres, de la mar estrella, llévanos a Cristo, danos sus promesas. Eres, Virgen Madre, la de gracia llena, del Señor la esclava, del mundo la Reina. Alza nuestros ojos hacia tu belleza, guía nuestros pasos a la vida eterna. Todos: Amén. Todos: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Cuarta semana con la corona de Adviento El sábado por la tarde o el domingo la corona debe tener encendidas las anteriores tres velas. Crear un ambiente recogido, con poca luz. Es recomendable colocar una imagen de la Virgen al lado de la corona, con un cirio a sus pies. De este cirio se puede tomar la llama para encender la cuarta vela de la corona. Todos: En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Presidente: Alegrémonos porque el Señor está cerca de nosotros y viene a traernos la reconciliación. Encenderemos la cuarta y última vela de nuestra corona. Que este símbolo nos recuerde la proximidad de la venida del Señor Jesús, que viene a traernos alegría y esperanza. Sería conveniente comenzar con un canto apropiado. Lector: Lectura tomada del Evangelio según San Lucas: En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!" Y dijo María: "Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su sierva, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada. Palabra del Señor. Todos: Gloria a ti, Señor Jesús. Se puede hacer un momento de silencio meditativo o comentar el pasaje evangélico. Presidente: La presencia del Señor Jesús entre nosotros nos llena de gozo y alegría. María, su Madre es quien nos lo hace cercano, quien permite que esa Luz llegue a nosotros e ilumine nuestra vida. En compañía de Santa María encendamos la última vela de nuestra corona de Adviento. Mientras una persona enciende el cuarto cirio se canta un canto apropiado. Presidente: Oremos. Todos hace un momento de silencio, y prosigue el monitor: Padre misericordioso, que quisiste que tu Hijo se encarnara en el seno de Santa María Virgen, escucha nuestra súplicas y concédenos tu gracia para que sepamos acoger al Señor Jesús, tu Hijo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Todos: Amén. Todos: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
OTROS HORARIOS Confesiones: Media hora antes de las misas. Exposición del Santísimo: Jueves de 10’00 (Exposición y laudes) a 19’00 (Vísperas y bendición). Rosario: A diario a las 19’00 Despacho parroquial: Martes y viernes, de 17’30 a 18’30. Despacho de Cáritas: Jueves de 18’00 a 19’00. Apertura del templo: Media hora antes de misa
HORARIO DE MISAS En la Parroquia Laborables (excepto miércoles):  19’30 · Miércoles: 9’00 Sábados y Vísperas: 19’30 Domingos: 9’30, 11’00 (niños),  12’30 Verano (1julio a 31 agosto) Laborables (excepto miércoles):  19’30 · Miércoles: 9’00 Sábados y Vísperas: 19’30 Domingos: 9’30 [Capilla del Carmen], 11’00, 12’30 y 20’00 Hermanitas de los Pobres Lunes a Sábado: 12’30 Domingos: 12’00 Misioneras del Sdo. Corazón de Jesús (Cabrini) Diario a las 9’30 Misioneras de Jesús, María y José (Guardería) Diario (excepto miércoles y festivos) a las 8’45 Horarios especiales y precepto   Dependencias parroquiales