Cristo nos necesita vivos y despiertos. Necesita que seamos una Iglesia fuerte, dinámica y férreamente unida a Él especialmente en estos momentos excepcionales que vivimos, donde se pondrá de manifiesto lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros, tanto de forma individual como colectiva.

Por esto es bueno repasar interiormente qué representa ser cristiano hoy y cuál debe ser nuestro testimonio en el mundo. Ser la sal y la luz del mundo es una difícil tarea, y una responsabilidad imposible de afrontar sin la fuerza de la oración y la gracia del Espíritu Santo que actúa en nosotros.

Negándonos a nosotros mismos, abrazando la cruz que nos corresponde y sabiendo compartir con caridad la del hermano, podremos hacer que brille más el rostro de Cristo Resucitado, reflejado en cada uno de nosotros.

Son muchos los buenos cristianos que actúan así diariamente y, de forma anónima y callada, hacen posible que nuestra madre la Iglesia lleve a cabo la misión que Cristo la confió: dar a conocer a todos los hombres del mundo la buena nueva del Evangelio de Jesús.

Esta misión la viene realizando la Iglesia desde el primer momento de su existencia, adaptándose continuamente, en las formas y en los medios empleados, a cada tiempo y a cada hombre, sabiendo utilizar todos los medios técnicos para cumplir más eficazmente con su labor pero conservando siempre fiel, sin variar ni una sola coma, el Evangelio de salvación de Jesús.

Hoy día son muchas las áreas en las que se desarrolla esta labor evangelizadora de la Iglesia. La conferencia Episcopal Española he editado un documento en el que va recorriendo con detenimiento todos estos ámbitos de actuación, dando a conocer cual es su participación en cada uno de ellos. En el enlace que sigue podéis seguirlo con detenimiento.

http://www.transparenciaconferenciaepiscopal.es/folletomemoria/2019/#p=3

Como veis somos más dinámicos, más activos, y más fuertes y participativos de lo que pensamos. Con aciertos y con errores colaboramos cotidianamente, diluidos en medio del mundo, venciendo los obstáculos del mundo a dar a conocer la alegría del Evangelio al mundo.